Exposición retrospectiva dedicada enteramente al análisis formal de la creación artística del pintor Pelegrín Clavé.

Sala de Temporales: Primer nivel

Sala de Temporales

Primer nivel

Esta muestra es la primera exposición retrospectiva dedicada enteramente al análisis formal de la creación artística de Pelegrín Clavé (Barcelona, 1811-1880), autor que encontró el camino ideal para trasmitir y difundir sus preceptos ideológicos, generar obras de arte provenientes de un sentimiento genuino; además de unificar y dar identidad a una nación a partir de figuras retóricas o de la representación pictórica del territorio nacional y sus habitantes.

Se plantea un acercamiento formal a la obra de este importante artista a partir de su formación académica e ideológica en Roma, para entender cómo conformó un programa académico que fue capaz de darle identidad a la escuela de pintura mexicana de mediados del siglo XIX, al tiempo de consolidar una plástica que reflejaba el ideal político de los simpatizantes del Partido Conservador Mexicano que peleaban en contra de las ideas liberales democráticas.

Con Origen y sentido, el Museo Arocena y el Museo Nacional de San Carlos de la Ciudad de México, fortalecen y estrechan lazos de colaboración a favor del rescate, estudio y difusión de artistas y procesos históricos que fueron fundamentales en la conformación del arte nacional.

Retrato del arquitecto Lorenzo de la Hidalgas. 1851
Museo Nacional de San Carlos /Instituto Nacional de Bellas Artes

Retrato de Ana García Icazbalceta, esposa del arquitecto de la Hidalga. Padre Mauro Ríos Leyva.ca. 1851
Óleo sobre tela
Museo Nacional de San Carlos /Instituto Nacional de Bellas Artes

Diversos factores impulsaron la producción pictórica después de la Independencia. En primer lugar, las demandas sociales de un país en transición y segundo, el reordenamiento de la enseñanza del arte en la Academia de San Carlos a partir del decreto presidencial de 1843. La Academia cambió paulatinamente sus programas y, consigo, modificó la mentalidad del artista y de la sociedad en su conjunto. Es en este contexto que Pelegrín Clavé (1811 – 1880) resulta fundamental para comprender la práctica de la pintura en su siglo. El artista nacido en Barcelona permaneció en México de 1846 a 1867. Esos fueron años difíciles para los mexicanos: constantes guerras y una prolongada crisis política azotaban el país. Aún así, en este rijoso e inseguro ambiente, la Academia se mantuvo en activo, celebrando las primeras exposiciones con obras procedentes del estudio de Clavé quien participó principalmente con retratos de las élites locales. Es en 1855 que presentó un cuadro de historia: La primera juventud de Isabel la Católica al lado de su madre enferma.

Demencia de doña Isabel de Portugal (La primera juventud de Isabel la Católica al lado de su enferma madre). ca, 1855
Óleo sobre tela
Museo Nacional de San Carlos /Instituto Nacional de Bellas Artes

Si bien, se han realizado anteriores revisiones de la obra de Pelegrín Clavé, en Origen y sentido, el cuerpo curatorial enfatizó el proceso de su creación artística a partir de sendos bocetos y apuntes, primordiales para la apreciación formal de la obra terminada; un enfoque que constituye una importante aportación a la construcción de conocimiento sobre el autor.

Con motivo de esta muestra retrospectiva, nos sumamos a la itinerancia de la presente muestra y reconocemos la aportación del Museo Nacional de San Carlos, del Instituto Nacional de Bellas Arte y Literatura, y de todas las instituciones y coleccionistas que han hecho posible Pelegrín Clavé. Origen y sentido (1811 – 1880). Gracias a su generosa cooperación, juntos contribuimos a la interpretación y divulgación de la historia del arte en nuestro país y al rol de la Fundación E. Arocena y del Museo Arocena como líderes en este ramo.  

La cronología de las fotografías tomadas por Werner Segarra a lo largo de 40 años nos muestra una primera fase donde el artista, en medio de una fascinación personal, descubrió el mundo del vaquero de la Sierra Alta de Sonora, y lo compara con la figura emblemática del vaquero de las historietas con el que siempre soñó de niño. También nos muestran una segunda fase en la que, después de años de recopilación de imágenes y tradiciones, de vivir en la región, y de experiencias personales, Segarra se muestra a sí mismo como uno más de ellos, y les presenta a los vaqueros como todólogos, capaces de todo; pero también, infravalorados, hasta por ellos mismos y, además, a punto de extinguirse.

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