UNE FÊTE GALANTE

ENCUENTRO DE LAS ARTES EN EL SIGLO XVIII FRANCÉS

 

ESPEJO CON MARCO

Finales del siglo XVIII.
Madera tallada, dorada y vidrio azogado

SILLÓN

Primer tercio del siglo XX.
Madera dorada y tapicería

JARRÓN

Posiblemente Alemania,
entre 1934 y 1972. Porcelana

 

 

EL ROCOCÓ

Rococó es un término que tiene connotaciones históricas y estilísticas. El adjetivo parece derivar del vocablo francés rocaille -trabajo en roca o guijarros utilizados para decorar grutas- y del portugués barroco (perlas irregulares). Alcanzó su auge entre 1730 y 1760 durante el reinado de Luis XV (1710 – 1774), de ahí que también sea relacionado con este monarca francés. El joven rey fue conocido por la fastuosidad de su corte que abrigó artistas y creadores que plasmaron esta nueva forma de vida en sensuales retratos y escenas festivas.

Considerado por algunos autores como una continuación o cúspide del barroco, el rococó se diferencia de aquél por su vivacidad y opulencia, lo que dio origen a un vocabulario ornamental repleto de renovadas formas orgánicas, asimétricas y serpenteantes, principalmente las conchas o vieras (coquilles), volutas en forma de “C” y de “S”, sinuosas hojas de acanto, rocallas (rocailles), guirnaldas florales, serpentinas, listones y festones.

 

EL GUSTO MODERNO

En muchos países de Europa, el primer tercio del siglo XVIII fue una época de expansión y enriquecimiento de la burguesía que expresó su estatus a través de lenguajes exuberantes en la ornamentación y decoración. En Francia, las viviendas de los aristócratas primero y las de la emergente clase comercial después, fueron espacios bien amueblados que, en forma y función, representaban los valores burgueses de privacidad, domesticidad y confort. La elaboración de estas formas novedosas, que ahora llamamos rococó, tuvo lugar como parte de una manera más relajada y naturalista de organizar la existencia y, por ende, de estilizar el arte y los objetos en habitaciones más íntimas y salones temáticos dedicados principalmente al esparcimiento.

La visión estética del periodo enfatizó los lazos entre las llamadas bellas artes como la pintura y la arquitectura hacia un amplio repertorio de objetos que comprendió, entre otros, el mobiliario, la orfebrería, los textiles y porcelanas que frecuentemente eran diseñados por prominentes arquitectos, escultores y pintores. Se trató de una búsqueda consciente de integrar, armónicamente, conjuntos persuasivos que desvanecieran las fronteras de lo considerado arte, diseño y manufactura, todo aplicado a la fastuosa ambientación de habitaciones o exteriores.

Elaborado así para los ámbitos privados antes que los cortesanos, el rococó fue un estilo de vida al que sus contemporáneos nombraron goût moderne -gusto moderno-, o bien, genre pittoresque -modo pintoresco-. Lo que caracterizó a este fenómeno estilístico y social fue el acrecentado impulso de desplegar todas las artes de manera simultánea, como una forma coherente de modernidad con sus propias reglas, propagada visualmente a través de las distintas manifestaciones del arte, la música y el pensamiento.

 

 

CLAVICÉMBALO

Taller de Benoist Stehlin (1732 – 1774).
París (Francia), ca. 1760, con
modificaciones hacia 1800.
Madera dorada y pintura al óleo


RETRATO DE MADAME MOLÉ-REYMOND

A partir de Élisabeth Louise Vigée Le Brun
(1755–1842).Francia, siglo XIX.Pastel

ENFRIADOR DE BOTELLAS

Henry Wilkinson & Co. Sheffield
(Inglaterra), 1839-40. Plata


 

 

LA FIESTA DE LA MÚSICA

El clavicémbalo de la colección Arocena es, a la vez, instrumento y celebración de la música: todos los detalles de su ornamentación festejan diversas facetas y representaciones simbólicas de esta manifestación artística.

En el exterior de su tapa, la pintura hace referencia a la mitología grecolatina, representando al dios Apolo, patrono de las artes, en un descenso celestial, acompañado por dos figuras femeninas y encontrando a una tercera: se trata de representaciones de algunas de las nueve musas, encargadas de inspirar a los artistas en su oficio. Probablemente las dos primeras sean Terpsícore, quien preside sobre la danza; y Clío, sobre la historia; mientras el encuentro sea con Euterpe, la protectora de la música, representada con una pandereta y rodeada por sátiros y ninfas.

En el interior de la tapa se representa una escena bucólica que también recuerda la utópica Arcadia, en esta ocasión habitada por seres divinos y mitológicos, entre los que destacan una treintena de amorcillos. Este palacio es presidido por la representación alegórica de la música, una dama vestida de rosa y azul, quien tañe una lira al tiempo que intercambia una partitura con uno de sus ayudantes. Destaca de esta composición el contraste del parterre francés y la formalidad del jardín en el fondo con el diseño romántico del jardín inglés en el primer plano, donde destaca una rica fuente con motivos antropomorfos.

A lo largo del costado fueron representados diversos instrumentos musicales que en ocasiones acompañaban al clavicémbalo durante el siglo XVIII. Algunos todavía perviven como el pandero, el triángulo y el violín; diversos tipos de instrumentos de viento, mandolina o castañuelas; pero también otros que ya no son utilizados comúnmente, como la pochette, parecido a un violín delgado o la viola de rueda, un instrumento de cuerda que también incorporaba un teclado.

 

LA PINTURA GALANTE

En 1717 el pintor Jean Antoine Watteau (1684–1721) ingresó a la Académie Royale -Academia Real- con la pintura Peregrinación a la isla de Citera, una obra de tema mitológico que mostraba un conjunto de paseantes en un paisaje idílico. Por este tipo de composición, característico de la obra de Watteau y sin precedente en la Academia, una nueva categoría, fête galante -fiesta galante en francés-, fue creada expresamente para su admisión.

Por extensión, se denomina fête galante al género pictórico caracterizado por la representación de escenas cortesanas ambientadas en paisajes bucólicos que llegó a su máximo esplendor entre 1730 y 1760. Como estilo al servicio de la burguesía se inclinó ante la fiesta, el lujo y la comodidad, representaciones de una vida cotidiana carente de preocupaciones. Se enmarca en la pintura de género que, junto a la fête champêtre -fiesta campestre-, designa las escenas popularizadas por pintores como Jean-François de Troy (1679-1752), Nicolas Lancret (1690-1743), François Boucher (1703–1770), Jean-Honoré Fragonard (1732–1806) y Élisabeth Louise Vigée Le Brun (1755–1842).

Los artistas usaron formas curvilíneas, con temas como querubines y mitos de amor, paisajes y pastorales, comidas sobre la hierba con personajes aristocráticos, aventuras amorosas y cortesanas. También se cuentan los temas mitológicos, como las evocaciones a la mítica Arcadia, todo plasmado mediante una paleta mesurada en tonalidades tenues pero coloristas donde abundan motivos de instrumentos musicales y partituras.

 

LA MÚSICA GALANTE

En las reuniones de la burguesía francesa del siglo XVIII un instrumento musical devino protagonista: el clavicémbalo. Este voluminoso y complejo artefacto fue el instrumento privilegiado por la corte del rey francés Luis XIV, quien promovió fuertemente un gusto particular por su sonido a través del mecenazgo de importantes compositores. Tras su muerte en 1715, el clavicémbalo tuvo otra suerte: Luis XV, su sucesor, consideró que la música era un mero ornamento dentro de su corte, y abandonó su patrocinio.

Rechazado por la realeza, el gusto forjado por su timbre particular halló un nuevo nicho en los conciertos privados de la burguesía parisina. Así, desde 1720 y hasta 1770, la aristocracia urbana promovió la era dorada del instrumento a través de la búsqueda paralela por un nuevo estilo, denominado música galante, que se alejó de los complejos contrapuntos del barroco, para rescatar sencillas y pegadizas melodías que siguieron el gusto moderno por la simplicidad placentera, la ligereza y la despreocupación. Autores franceses como Jean Philippe Rameau (1683-1764) o François Couperin (1668- 1773) desarrollaron composiciones que llevaron al instrumento a su auge, un “canto de cisne” del clavicémbalo, pues fue mayoritariamente desplazado por el fortepiano tras la Revolución Francesa, y posteriormente por el piano actual.

El clavicémbalo, en ocasiones también llamado clave o clavecín, es un instrumento de cuerda pulsada, como el arpa o la guitarra, en donde la acción es ejecutada por una serie de spinas, delgadas uñas unidas a unos bastoncillos que se mueven al tocar las teclas del instrumento. Esta acción a diferencia de sus sucesores no permitía variaciones de volumen, como en el pianoforte, donde la acción es ejecutada por un martillo que percute las cuerdas.

 

EL LEGADO ROCOCÓ

El desuso del rococó en Francia inició en torno a 1760 en coincidencia con el ascenso de las ideologías ilustradas en la política, ciencia y filosofía. Personajes relacionados a la Revolución Francesa como Jean-Jacques Rousseau (1712–1778), Voltaire (1694–1778), Montesquieu (1689– 1755) y Denis Diderot (1713–1784) cuestionaron la banalidad de los temas y el exceso en las formas. En el país galo, después del 1789 el término adquirió una connotación despectiva al ser directamente relacionado con el viejo régimen. Paulatinamente el rococó fue relegado de los círculos ilustrados franceses hasta ser reemplazado por el orden, la moralidad y racionalismo del neoclásico, no sin cierta resistencia de otros países de Europa y América donde ambos estilos convivieron largamente sin necesariamente sustituirse uno al otro.

En continuación al gusto moderno de épocas anteriores, la colección Arocena alberga notables ejemplos de pintura, porcelana, platería y mobiliario donde el rococó tiene persistencia más allá de la Francia del siglo XVIII. Se trata de objetos de inspiración historicista que son prueba del continuado gusto por la presencia de estas formas en las casas habitación del siglo XX. Principalmente de manufactura española, pero también inglesa y alemana, las artes decorativas de la colección conforman un repertorio iluminado por el pasado, en creativas versiones que retoman principalmente modelos europeos de 1730 a 1760.

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