INTRODUCCIÓN E HISTORIA

Introducción

El Museo Arocena continúa su línea de investigación de identidad regional y arquitectura a través de una exposición sobre las primeras edificaciones realizadas en Torreón como población urbana. El protagonista de esta historia es un material tan modesto como resistente: el ladrillo. De esa manera, desde la década de 1880 las construcciones en nuestra ciudad tuvieron como principal material, ladrillos, adobes y madera. A partir de esos materiales, se multiplicaron las primeras casas, edificios e inmuebles. Sin duda, se trata de la primera cara de una urbanidad incipiente, y que, al paso del tiempo, se consolidaría como un estilo en la ciudad.

A pesar de la destrucción de gran parte de este patrimonio, todavía sobreviven inmuebles de ladrillo, algunos en buen estado y otros en peligro de perderse. La relevancia de la presente exposición consiste en documentar la memoria histórica, resaltar aquellas construcciones que en el presente todavía son referencia para de identidad urbana y promover la conservación de edificios históricos de una joven, pero centenaria ciudad. Bajo esas circunstancias, esta historia narra la construcción de una ciudad que hizo del ladrillo un emblema urbano.

Pese a la simplicidad de sus materiales —arcilla y agua—, el uso del ladrillo ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia. Pero antes de ellos, es necesario hablar del antecedente histórico que les dio origen: el adobe. Por su elaboración y materiales, esta mezcla de tierra, pasto y agua, antecede la invención de los ladrillos. La etimología de la palabra es reveladora: adobe proviene del árabe al-tub, que significa ladrillo sin cocer. Se mezclan agua y arcilla para dar lugar a bloques secados al sol.

La siguiente evolución del material provino de cocer estos bloques de tierra. El resultado cambió por completo el panorama constructivo de la humanidad. Producto de la cocción en horno, el ladrillo surgió alrededor del año 3,500 a.C. Al someter a elevadas temperaturas los bloques de tierra, se logró resistencia, durabilidad, y a la vez, facilitó la construcción. 

Al igual que la tierra, el proceso de elaboración de los ladrillos varía según las arcillas y, por lo tanto, según la geografía. Hay ladrillos de diferentes colores, de acuerdo a los tonos de las arcillas y la temperatura de cocción: rojos, blancos, amarillos y hasta negros.

TORREÓN, UNA CIUDAD DE LADRILLO

La ciudad de Torreón se desarrolló urbanamente con la llegada del ferrocarril en 1883. En ese entonces era una modesta población que habría de levantarse en los siguientes años. La oportunidad económica que ofreció la economía algodonera, aunada a la instalación del ferro puerto en Torreón, incrementó la necesidad de bienes y servicios. Con el aumento de la población, las necesidades también aumentaron y prácticamente entre 1890 y 1910 abundaron las casas, edificios e inmuebles con los materiales más elementales y a la mano en la región: adobe, ladrillo y madera.

De esa manera, las primeras construcciones de Torreón fueron hechas de esos materiales. Los modelos arquitectónicos utilizados tuvieron como referencia a las construcciones del sur de los Estados Unidos dada la cercanía comercial y cultural con esa zona, conectada a través del ferrocarril. Al principio, ante la falta de producción local de ladrillos, éstos se importaron de otras poblaciones del país, como Saltillo o Monterrey, pero también, por la facilidad de transporte ferrocarrilero, directo de los Estados Unidos. Al poco tiempo, y dada la demanda local, se hizo rentable abrir empresas productoras de ladrillo.  Tal fue el caso de la Fábrica Ladrillera en Torreón, que inició con un capital de 25 mil pesos. El gobierno del estado de Coahuila decretó la autorización a dicha fábrica el 11 de febrero de 1889. Tal inicio, bien puede considerarse como la primera ladrillera que se instaló en toda forma en la ciudad de Torreón. Como incentivo fiscal a tantas empresas de la época, el gobierno estatal otorgó una exención de impuestos por 8 años.

La demanda de ladrillo continuó creciendo de manera efervescente, de tal manera que en la ciudad vecina, también se conformó otra empresa en el año 1900, la Compañía Industrial Ladrillera de Gómez Palacio. A los pocos años, el gobernador de Coahuila, Miguel Cárdenas, emitió dos decretos para autorizar más industrias ladrilleras. El 28 de noviembre de 1902 autorizó la Ladrillera de San Pedro. Para el siguiente año, el 9 de septiembre de 1903, incentivó fiscalmente la fábrica de Ladrillos en Matamoros.  

A partir de entonces se empezaron a construir numerosas casas habitación de toda índole. Desde sencillas y modestas construcciones, con el ladrillo más barato: de color anaranjado, y tan duradero, que incluso en la actualidad sobreviven ejemplares centenarios de esas construcciones. También estaban casas más elaboradas que combinaban dos tipos de ladrillo: el anterior y uno de tono más blanco, de mayor calidad y resistencia, cocido a mayor temperatura.

ANTIGUA PRESIDENCIA

 

El juego bicolor de ladrillos sobrevive notablemente en varios inmuebles de la ciudad. Por ejemplo, la finca de dos plantas de la familia Madero, en la avenida Juárez número 437 poniente es una construcción de la primera década de 1900. En la fachada y el interior se hace juego con dos tonalidades de ladrillo: rojizo y blancuzco. Ambos son de diferentes calidades, pero lo más notables, es la vistosa ornamentación con el ladrillo. Dispuesto de varias maneras, el ladrillo mismo es elemento de construcción, y al mismo tiempo, de ornamentación. El ladrillo mismo engalana, a pesar de su sencillo origen, la fachada. Por algunos años, albergó la presidencia municipal de Torreón a partir de 1917, mientras el ayuntamiento construía a principios de los años veinte, la nueva presidencia sobre la avenida Morelos, entre las calles Galeana y Ramón Corona.

Las construcciones de principios de siglo XX, emplearon materiales adecuados al clima de la región, extremadamente seco y caluroso. Esto llevó a plantear alturas dobles y muros muy gruesos hechos de adobón. El grosor de los muros permitía aislar el calor, además de que el adobe resultó ser un material térmico.

A pesar de que muchos ejemplares se han perdido o destruido, un primer conteo en el primer cuadro y segundo cuadro de la ciudad, arroja más de 70 inmuebles del primer Torreón. Aunque en los años treinta surgieron nuevos estilos y materiales, todavía se llegaron a construir inmuebles de ladrillo desde finales del siglo XIX.

ESCUELAS DE TORREÓN

 

Algunas de las escuelas emblemáticas de Torreón fueron hechas con ladrillo: la escuela Benito Juárez, construida en 1907, cuenta con una espléndida fachada de ladrillo amarillento. Aunque el edificio ha sufrido modificaciones, se mantiene en términos generales la fuerte estructura y la fachada de ladrillo. Es una escuela representativa del porfiriato. Actualmente continúa en funciones con la misma vocación educativa. Otro edificio similar fue construido en 1922 para dar lugar a la escuela Amado Nervo. Se trata de una construcción de ladrillo anaranjado, con salones grandes. Originalmente fue diseñada con sistema de sifón para que circulara el aire por toda la escuela.

EDIFICIOS SOBRE LA AV. OCAMPO

 

La avenida Ocampo en Torreón es abundante en edificios con gran valor histórico y arquitectónico. Justo antes de llegar a la avenida Colón y privada Rayón se encuentra un edificio de ladrillo de dos plantas. Su dueño, de apellido Giacomán, lo construyó como un edificio para rentar vivienda. Los cuartos son sumamente amplios y los techos de doble altura dan una atmósfera de amplitud.  Aunque está hecho de un material sencillo, destaca su ornamentación y remates en las ventanas. Actualmente el edificio continúa en uso comercial y se encuentra en buen estado.

Una casa habitación notable la encontramos en la Ocampo esquina privada Moreno. Se trata de una construcción de 1911 en ladrillo blanco. Su remate y adornos la hacen fueron realizados con un ladrillo más costoso, lo cual habla de la posición económica de su dueño. Justo enfrente se encuentra un inmueble que fue diseñado originalmente para vivienda.

CASAS - HABITACIÓN

 

En la Av.  Escobedo, entre las calles Francisco I. Madero y Comonfort se puede apreciar una generosa casa de ladrillo con arcos adintelados en sus ventanas y puerta. Otro inmueble similar, también de ladrillo anaranjado, lo encontramos en la calle Ildefonso Fuentes, entre las avenidas Juárez e Hidalgo. De la misma manera, reproduce dinteles en sus puertas y ventanas, lo cual la convierte en uno de los pocos ejemplares que sobreviven en la ciudad. Otro ejemplo es la casa Esparza, edificación de 1921 ubicada en Ocampo 106 poniente. Actualmente se encuentra bien conservada y en uso. 

Más común en la arquitectura de ladrillo que tiene la ciudad, son los arcos rebajados. Numerosas casas reproducen el mismo modelo. Algunas en su totalidad tienen fachada de ladrillo. Otras solo se limitan a pequeños detalles alrededor de puertas y ventanas. Un ejemplo de ese modelo, lo encontramos en la avenida Allende 1150 poniente.  

EDIFICIOS

 

El arco rebajado no se limitó a pequeñas casas, sino también a construcciones de grandes dimensiones para la época, tal y como lo encontramos en la avenida Matamoros, número 790 poniente. Se trata de un edificio de dos plantas, el cual es uno de los pocos de esa dimensión en la ciudad, pues la mayoría fueron destruidos.

RELOJ LACK Y LA IDENTIDAD EN TORRÉON

La destrucción también alcanzó un edificio emblemático del primer Torreón urbano. Nos referimos al edificio de la casa Lack construida a finales del siglo XIX. Un agudo observador de la época, Irineo Paz, escribió:

En una de las principales calles de la ciudad de Torreón, se ostenta el grandioso edificio de la casa de comercio del Sr. Julián Lack, edificio que sin discusión alguna, es de los mejores, más grandes y más hermosos, arquitectónicamente hablando, que existen no solo en Torreón, sino en toda la comarca. Nuestro fotograbado da á conocer desde luego toda la importancia del edificio, construido de mampostería y ladrillo que colorea su fachada y le dá un aspecto sereno y elegante. Los grandes aparadores, resguardados por magníficos cristales y que ponen a la vista del público las muestras de las mercancías que tiene la casa para su venta… Este gran edificio tiene en la parte superior, una torre que ostenta el reloj de buena manufactura, el único de su especie en Torreón y que sirve para todo el público, pues contiene cuatro carátulas y por la noche iluminadas con luz eléctrica, sirve para que los habitantes de la ciudad puedan distinguir la hora por cualquiera de los cuatro puntos cardinales que se consulte. Este beneficio que se presta al público, es digno de tomarse en cuenta.

En 1968, la empresa comercial Soriana, compró las propiedades de la manzana ubicada en la avenida Hidalgo, entre las calles Juan Antonio de la Fuente y Ramos Arizpe. Ahí proyectó construir un moderno centro comercial, por lo que tumbaron las fincas históricas que ahí se encontraban, en su  mayoría de ladrillo, adobe y madera.  Para entonces, el reloj Lack ya era un emblema de Torreón. La gente lo reconocía como símbolo de identidad de la ciudad, a tal grado que las postales de principios del siglo XX destacaban la construcción, y por supuesto su reloj. Sin embargo, aunque el edificio no se salvó de la destrucción, sí hubo ciudadanos conscientes del valor del reloj, por lo que se planteó la necesidad de rescatarlo y reubicarlo en la avenida Juárez, por la misma calle Ildefonso Fuentes. De esa manera, se desmontó para rehacer el famoso reloj Lack que en el presente se yergue sobre la avenida Juárez. 

 

Investigación: Carlos Castañón Cuadros

Ensayo fotográfico: Jesús Flores Valenciano

Curaduría: Adriana Gallegos Carrión / Sergio Garza Orellana 

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