Mayo 2016. Botes de Té.

Conjunto de 7 botes de té

FICHA TÉCNICA

Guangzhou (Cantón) China, primera mitad del siglo XX

Porcelana con decoración esmaltada sobre barniz

Colección Arocena

El té es una infusión de los brotes y las hojas tiernas de un tipo de camelia asiática, llamada científicamente Camellia sinensis, originaria del Sur de China, el Norte de la India y algunos lugares del Sureste Asiático.

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FICHA COMENTADA

Su sabor, como el del vino y el del café, depende del lugar en el que se cultivan las plantas. La altura, la humedad y la cantidad e intensidad de luz que reciben influyen en su desarrollo y por lo tanto en sus características. Otro factor que le aporta carácter a la infusión de las hojas de té es la manera en la que éstas se manipulan después de cultivarlas. La forma de secarlas, oxidarlas y fermentarlas dan como resultado las distintas variedades de té: blanco, verde, azul, negro o rojo. Una vez secas, las hojas de té son capaces de absorber distintos aromas, que después transmitirán a la infusión. Pueden aromatizarse con flores, como el jazmín, el loto, la rosa y el crisantemo; con frutas como la naranja, el limón, la bergamota o los frutos del bosque y con especias como la canela, el jengibre o el cardamomo.

Esta capacidad de absorber aromas de las hojas de té hace que la delicadeza del sabor de la infusión se altere con mucha facilidad. Su transportación y almacenamiento deben hacerse en contenedores, que impidan la absorción o pérdida de humedad y el contacto con agentes contaminantes como olores fuertes y desagradables. También es importante mantenerlas lejos de la luz para que no se alteren. Actualmente, las mejores marcas que venden el té al menudeo lo empacan en latas de metal con tapa hermética para mantener su calidad, pero antiguamente esto no era posible.

En China había frascos de porcelana, que tenían una tapa con un ingenioso sistema que impedía la exposición de las hojas de té a los cambios de humedad, a los olores fuertes y a la luz. No era casual que éstos contenedoras estuvieran hechos de porcelana. Esta cerámica no porosa, vitrificada y blanca, hecha con arcillas ricas en caolín y recubierta con un barniz cristalino, es casi inalterable una vez que está cocida y, a diferencia de otros materiales, no retiene ni transmite ningún olor o sabor, lo que  la hace perfecta para almacenar las hojas de té.

Hasta principios del siglo XVIII, la porcelana sólo se produjo en China. Ahí se guardó por siglos el secreto de su manufactura. La pena por revelar los secretos de su producción a un extranjero era la muerte. Su dureza, su inmaculada blancura y la calidad de su decoración la convirtieron, a lo largo de centurias, en el objeto de deseo de todo el mundo y poseer una pieza de estas otorgaba un gran estatus. Esto provocó que a partir del siglo XVII las grandes potencias marítimas europeas y americanas, entre las que se contaba la Nueva España, se acercaran al puerto de  Guangzhou (Cantón) para comprarla y llevarla a sus países.

Durante las dinastías Ming (1368-1644) y Quing (1644-1912) la porcelana, junto con la seda y el té, eran el principal producto de exportación chino. La porcelana de exportación no era la que los chinos consideraban la mejor, ésta la reservaban para sus élites. Sin embargo, para quienes no la conocían las piezas de exportación eran muy apreciadas.

El éxito de la porcelana china de exportación se debió a su capacidad para adaptarse a las tendencias estéticas de las culturas de sus consumidores y a la belleza y delicadeza de su de decoración. Los estilos ornamentales que cubren los siglos en que la porcelana china fue exportada varían desde el legendario azul sobre blanco hasta las alegres decoraciones de los estilos del siglo XIX como el mandarina y el Cantón, o medallón rosa.

Este último floreció a mediados del siglo XIX como otro estilo para el consumo occidental y algunos autores lo consideran como una derivación de la antigua famille rose, o familia rosa, que surgió durante la segunda década del siglo XVIII. Esta abrió una gran gama de colores y tonalidades, entre las que predominaban el verde y los tonos de rosa, e hizo posible que se pintaran todo tipo de flores, paisajes, retratos, escenas cotidianas y escudos.

Los siete botes de té del Museo Arocena son un ejemplo de la continuación a lo largo de la primera mitad del siglo XX del estilo medallón rosa, pero hecha de una manera más esquemática y convencional y con motivos más simplificados en los que se conservan los mismos colores y la misma disposición.

Los siete botes cilíndricos ostentan el las tapas escenas palaciegas con personajes cortesanos chinos esquematizados, muy simplificados y convencionales. En las vistas hay intentos de perspectiva, aunque no muy exitosos y predominan el rosa, azul, rojo, verde.

Los cuerpos de los botes más grandes están divididos en cuatro cuarteles rectangulares a excepción del cuarto bote, cuyos cuarteles tienen formas ovaladas o ligeramente trapezoidales. En el caso de los tres botes más pequeños sus cuerpos se dividieron sólo en dos cuarteles. Todos los cuarteles están delimitados por tornapuntas (con forma de “C”) coronados con rocayas (fragmentos de conchas), elementos típicos del estilo neo rococó de mediados del siglo XIX, aunque en los botes pequeños estas son más esquemáticas. La decoración de relleno entre los cuarteles se  organiza con flores de loto rosas y follaje verde, que en algunas ocasiones se  delinea con negro.

La mitad de los cuarteles de cada bote están decorados con escenas palaciegas o personajes cortesanos que tienen las mismas características que las pinturas de las tapas. Estos temas alternan con los motivos florales del resto de los cuarteles. Las ramas llenas de follaje soportan  peonias rosas alrededor de las cuales revolotean pájaros y mariposas. Los colores que predominan son el verde y el rosa con algunos toques de amarillo y azul.

Los antiguos conjuntos de piezas como este solían contar historias, cuyas escenas se plasmaban en los diferentes cuarteles. Sin embargo, parece que la costumbre se había olvidado para cuando se realizaron estas piezas. La única referencia a la iconografía tradicional son las peonías, que aluden a la primavera.

Si bien la costumbre de tomar té nunca ha arraigado en el mundo hispánico estos botes de porcelana china fueron muy apreciados como objetos decorativos en las casas burguesas de la región.

 

 

 

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