Noviembre 2015. Celebración Vasca

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Celebración vasca
España, 1933. A. Sainz. Acuarela sobre papel.
Fundación E. Arocena

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FICHA COMENTADA

Cinco hombres de edad avanzada se encuentran de frente al espectador. A sus espaldas, la fiesta: cientos de personas disfrutan de juegos peculiares y rondas de baile. Mientras algunos se sientan a degustar alimentos y bebidas, otros, vestidos con un atuendo blanco distintivo, se preparan para una actividad que involucra una esfera de madera. Decenas alzan los brazos en ánimo de celebración, mientras algunos hombres y mujeres se toman de las manos para realizar una rueda humana. Verdes montes y arquitecturas campestres son el escenario perfecto para la algarabía bucólica de una festividad única en el mundo: la celebración del País Vasco, al norte de España.

La acuarela que hoy se encuentra en la Casa Histórica Arocena retrata los usos y costumbres de dicha región. Aunque se encuentra firmada por A. Sainz, y fechada en 1933, se desconoce la biografía del autor, o la localidad específica en la que fue realizada. Sin embargo, la fiesta que retrata participa de la peculiar historia del País Vasco, localidad que históricamente ha tenido poca influencia de pueblos del resto de Europa, y por lo tanto, sus tradiciones nos hablan de una cultura completamente independiente, singular y diferente al de la formación del resto de las civilizaciones que se fundaron en Europa.

Euskal Jaiak, la fiesta del País Vasco

La historia de la celebración que acontece en este cuadro de la colección Arocena inicia con Antoine Thompson de Abbadie (1810 – 1897), un científico irlandés cuya familia había emigrado del País Vasco. Cual hombre del renacimiento, su vocación fue multidisciplinar, pues sus importantes contribuciones al estudio del magnetismo terrestre y otro tipo de fenómenos geológicos, es comparable a la de su interés por conocer los orígenes de la lengua vasca y las tradiciones culturales que se habían desarrollado en dicha región de España. Su pasión por los juegos rurales, las bellas canciones y las danzas que conformaban la identidad de su familia hicieron que desde 1853 fundara las Fiestas Euskaras, o Euskal Jaiak en su lengua original: celebraciones que regularmente duran una semana en donde se enaltecen los orígenes y las tradiciones propias de las regiones que integran al país vasco. Certámenes literarios, bailes autóctonos, deportes rurales y comidas tradicionales se convirtieron pronto en una exaltación de las costumbres y folklore vascos que se repitieron año con año. Durante la última mitad del siglo XIX, las festividades que originariamente se habían celebrado únicamente en la localidad natal del científico, Urruña, pasaron a Sara, Navarra, San Sebastián o Álava, y pronto se convirtieron en las fiestas oficiales de la región, llevadas a cabo tradicionalmente durante el mes de septiembre. Hasta hoy en día, más de 150 años después, siguen siendo una de las celebraciones más importantes de esta región tan particular del norte español.

Zortziko, txitsu y baserri: tradiciones en el País Vasco

En la acuarela de la Colección Arocena es posible distinguir algunas de las costumbres vascas más tradicionales. Entre ellas, y la que ocupa gran parte de la composición, es el peculiar baile que se lleva a cabo. Aunque hay una gran cantidad de danzas específicas a cada una las diferentes localidades del País Vasco, la mayoría de ellas comparten algunos elementos en común: el baile como fenómeno grupal y no individual, la elaboración de ruedas de danza, y en ocasiones el zortziko, como se denomina al ritmo más tradicional de la música vasca. Este originariamente estaba realizado para ser cantado y bailado al mismo tiempo, y producido por instrumentos como una flauta recta de tres agujeros llamada txitsu, un pequeño tambor y un instrumento de percusión de madera denominado txalaparta. Los primeros dos pueden ser vistos en la parte central de la acuarela, tocados por tres figuras que visten trajes obscuros.

Otro de los elementos tradicionales de las festividades vascas son los deportes y juegos rurales. En la pintura de Sainz es posible ver en uno de los primeros planos un juego de bolos propio de la región de Lapurdi, que a diferencia de la modalidad Bearne -mucho más popular-, se realizaba con una esfera de madera y nueve bolos en lugar de tres o seis. Éste deporte se integra dentro de una gran gama de actividades rurales que fueron evolucionando hacia convertirse en competencias que se realizan cada año, como el alzamiento de yunque, la corta de troncos, o el arrastre de piedra. Estas tradiciones son relativamente comunes en el norte de España, y algunos autores las relacionan con costumbres que provenían de la antigua civilización celta que migró a esta región desde la Edad de Bronce.

El alto caserío que se encuentra en el primer plano de la composición refleja también una de las construcciones más auténticas de la región: el baserri vasco. La disposición de su arquitectura es singular, pues conjuga en un solo espacio la mayoría de las funciones domésticas: es hogar, por supuesto, pero también granero, establo, taller y sitio de recreo. Esta tipología de caserío, con dos o incluso tres plantas que llegan alcanzan los 15 metros de altura y los 1000 metros cuadrados de planta, se encuentra en uso desde hace más de medio milenio, desde el siglo XV.

La Familia Arocena y el País Vasco

Junto con esta acuarela, es posible encontrar en la Casa Histórica Arocena numerosas referencias a Euskadi, como llaman a su territorio los habitantes del País Vasco: La Virgen de Begoña que preside el Patio Central de la casa es una advocación particularmente vasca, e incluso el estilo del mismo Edificio Arocena es un modelo importado desde la ciudad de San Sebastián, donde la familia también habitó durante muchos años.

La estrecha relación entre el País Vasco, la Laguna y la familia Arocena es profunda e importante para comprender la vocación de la colección. La historia comienza con Rafael Arocena y su decisión de trasladarse del norte de España al norte mexicano a mediados del siglo XIX. No se han encontrado rastros documentales que permitan establecer con exactitud la fecha en que el empresario vasco llega a México, ni las razones específicas de su traslado de Monterrey, la ciudad a la que llegó originalmente, hacia la región Lagunera. Sin embargo, para 1878 había nacido ya en Lerdo, Durango, la que sería la fundadora de la colección, su hija Zenaida Arocena. Durante los primeros años de su estancia en México, Rafael logró establecer un exitoso desarrollo agrícola en torno al algodón, al introducir una nueva semilla de origen estadounidense.

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