LIBRO EN CONTEXTO. 09

Textos de medicina náhuatl
Alfredo López Austin
Novum México, 1988
230

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La tercera edición de Textos de medicina náhuatl, del historiador mexicano Alfredo López Austin se publicó en 1988 por Novum/Promexa en un tiraje de solo 600 ejemplares. Se trata de una versión rústica con forros de piel, con título e ilustración de portada dorados en técnica gofrado y de encuadernación cosida a lomo, con una decorada caja para su resguardo, una versión para coleccionar.

 

  

Textos de medicina náhuatl
Alfredo López Austin
Novum México, 1988
230

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La tercera edición de Textos de medicina náhuatl, del historiador mexicano Alfredo López Austin se publicó en 1988 por Novum/Promexa en un tiraje de solo 600 ejemplares. Se trata de una versión rústica con forros de piel, con título e ilustración de portada dorados en técnica gofrado y de encuadernación cosida a lomo, con una decorada caja para su resguardo, una versión para coleccionar.

La primera edición estuvo en manos de la Secretaría de Educación Pública en 1971; la segunda apareció en 1975 bajo el sello de la UNAM, misma que reimprimieron en 1984. La tercera edición se distingue por la presentación de lujo y por las ilustraciones interiores a todo color, dos razones por las que es parte de nuestro fondo reservado, desde donde resguardamos libros antiguos y también ediciones especiales.

Textos de medicina náhuatl es una compilación de escritos de diversos autores(as) sobre variados aspectos de estos saberes medicinales mesoamericanos, específicamente de los pueblos nahuas. López Austin reúne singulares investigaciones que abarcan desde el periodo colonial hasta el siglo XX, cuyas consideraciones son indispensables (por sus formas y métodos de investigación) para ampliar la mirada al tema, pues con regularidad se afirman que hay hierbas con propiedades extraordinarias y de curas milagrosas, o bien se niega que los conocimientos indígenas sobre las plantas sean válidos para la medicina moderna. Ninguna de las afirmaciones anteriores se defienden en este libro, sino que se plantea que esta selección de textos sea lo suficiente robusta y variada para comprender como un todo los procesos práctico-empíricos, religiosos, mágicos y teóricos del complejo cultural de la medicina prehispánica, y el hecho de que como conceptos ancestrales siguen guiando el pensamiento médico en zonas rurales hasta la actualidad.

 

 

Introducción

 

En un amplio estudio introductorio, López Austin describe los rasgos que compartían diversos pueblos de Mesoamérica, así como la sucesión de alianzas, dominaciones, pago de tributos y su extensión más amplia al final del periodo clásico, cuando comprendieron zonas desde Costa Rica hasta parte de los estados de Chihuahua y San Luis Potosí en México. Se narra también el establecimiento de los aztecas en los siglos XV y XVI a unos islotes del lago de Texcoco para fundar México-Tenochtitlan y México-Tlatelolco: el estado más poderoso de Mesoamérica.  

Lo anterior es el antecedente que nos acerca a la situación política, económica y social en el momento en los españoles llegaron a colonizar. Conquistadores, misioneros e indígenas llevaron a cabo registros detallados de la historia y vida prehispánica, basándose en la tradición oral y los códices pictográficos. Tales fuentes muestran una visión mesoamericana náhuatl, aunque comprenden implícitamente las de diversas zonas culturales, en especial las mayas. De dichos registros y anotaciones se han extraído las referentes a la medicina, a los que se suman (en este libro) otros documentos de estudios históricos y etnológicos más contemporáneos y testimonios de la medicina popular vigente.

Gran parte de esta medicina se fundamenta en la concepción de lo frío y lo caliente. Para Igham –menciona López Austin–:

 

…esta polaridad queda enmarcada en una con­cepción del universo cuyos elementos positivos y negativos se conciben limitados y equilibrados, sumándose en una totalidad neutra que vale cero. El aumento de una calidad en un área de­terminada produce por fuerza la reducción de la misma en otra. Calor y frío son calidades y no cantidades térmicas; no tienen rela­ción con la temperatura […]En el cuerpo humano el equilibrio es la salud, y la ingestión de alimentos apropiados significa la conservación de la armonía. Una dieta sana obliga en cada comida la inclusión de productos fríos y calientes, que unidos se neutralizan. En la misma forma, cuando el cuerpo humano no se encuentra equilibrado, es necesario sumi­nistrar al enfermo alimentos o medicamentos de calidad contra­ria a la del mal, que restablecerán el orden.

 

Para algunos autores, el pensamiento indígena de lo frío y lo caliente parece derivar o se vio europeizado por la doctrina hipocrática de los humores en la colonia; para otros(as), incluido nuestro compilador, no es posible que en el periodo de colonización cambiaran drásticamente las creencias y tradiciones arraigadas durante siglos, es decir, aunque puede haber similitudes, y por ende, asociaciones, es preciso comprenderlas en sus propios términos.

En la explicación de los padecimientos del cuerpo se asociaban también a  castigos enviados por diferentes deidades, dado su politeísmo religioso. Sin embargo, la convicción de una voluntad divina que generaba enfermedades no excluía los remedios con plantas que habían surgido de una larga observación y experimentación de las mismas. Además de deidades vengativas, existía la creencia de magos maléficos llamados “hombres búhos”, y “y se creía que los orígenes de sus poderes eran el nacimiento bajo un signo propicio del tonalpohualli y el aprendizaje de las malas artes.” Esto es, hombres (y mujeres) que causaban daño con el poder de su mirada o de sus intenciones; para ello se elaboraban curas como potentes conjuros o rituales para contrarrestar estos males. Otra creencia era la intrusión al cuerpo de seres sobrenaturales cuya expulsión podía ejercerse por succión, por atracción con objetos apetecibles o sangrías en las partes en que se encontraban alojados. Cabe decir que estas prácticas persisten en algunas comunidades.

Aunque en la relación entre magia, la religión y el empirismo no eran tan claros en los procedimientos terapéuticos, se sabe que había una gran especialización. Distintas clases de médicos, curanderos y guías asumían nombres específicos de ciertos procedimientos.

           

 

 

Textos compilados

 

1-3. Por interés de la corona española, en el siglo XVI, algunos misioneros recopilaron testimonios de sabios indígenas que abordan específicamente conocimientos sobre los productos naturales y de su influencia en el organismo humano. Abren, por tanto, esta compilación 3 apartados bajo la autoría de Fray Bernardino de Sahagún: De las enfermedades del cuerpo humano, De las medicinas y De las partes del cuerpo.

 

  1. Martín de la Cruz fue un médico indígena que redactó un herbario dedicado al hijo del primer virrey de Nueva España. El documento se tradujo al latín por otro indígena, Juan Badiana, que es del que se conservó hasta nuestros días. Libellus de medicinalíbus indorum hervís fue el título con el que se concluyó tal documento en 1552. En él se explican las cualidades terapéuticas de plantas, animales y minerales, y aparece ilustrado en una combinación española y prehispánica.

 

  1. Francisco Hernández fue nombrado protomédico general de todas las Indias y Tierra firme del Mar Océano en 1570 por el rey de España, Felipe II. Los pocos años que éste residió en la Nueva España recorrió buena parte del país para extraer información sobre plantas, con el que elaboró estudios de sus propiedades terapéuticas a partir de la experimentación con ellas. A pesar de la extraordinaria investigación, su Historia de las plantas de la Nueva España no fue bien recibida. Se trata de una obra en la que impera la visión de un científico europeo al que le cuesta acercarse a una cultura ajena, y en la que les inevitable desprenderse de sus preceptos occidentales.

 

  1. Felipe II, en el interés de conocer a profundidad su reino, ordenó la realización de un cuestionario extensivo, conocido como Relaciones geográficas, sobre diferentes aspectos del mundo náhuatl. Los puntos 17 y 26 de dicho documentos tratan tanto de enfermedades y remedios como de las hierbas y sus virtudes.

 

  1. Hernando Ruíz de Alarcón, ya avanzado el siglo XVII, recolectó información precisa de parte de los indígenas sobre conjuros que nos aproximan a los aspectos mágicos de los procesos curativos. Conjuros médicos fue el nombre del cuaderno cuyo propósito fue instruir a los fueros eclesiástico y civil sobre las prácticas que se consideraban diabólicas.

 

  1. Francisco Javier Clavijero, jesuita desterrado de la Nueva España en 1767, escribió desde su destierro su Historia antigua de México. Tal obra obedecía a la motivación de replicar lo que el autor prusiano Paw, a su consideración, calumniaba sobre América. Uno de los capítulos de esta defensa, La medicina de los mexicanos, se incluye en este compendio porque argumenta a favor de la medicina indígena.

 

  1. Francisco del Paso y Troncoso estudiaba medicina cuando descubrió los saberes indígenas de la materia. Pretendía elaborar una tesis sobre la botánica de los antiguos mexicanos cuando decidió dejar la medicina para estudiar historia, y estudiar el mismo tema desde esta otra disciplina. Aprendió náhuatl, juntó una gran cantidad de manuscritos, comentó códices y editó importantes documentos. La nomenclatura de los vegetales es el estudio taxonómico que se publicó en 1886.

 

  1. Santiago Tuxtla, Veracruz. Cultura y salud es la investigación etnográfica, histórica y arqueológica de Isabell Kelly, Héctor García Manzanedo y Catalina Gárate de García que se escribió en 1955 con el fin de establecer una base para un programa de desarrollo de la comunidad en una población de raíces indígenas. Dicho estudio es poco conocido, pero a ojos de López Austin, de gran valor para este estudio panorámico medicinal.

 

  1. Relato sobre la llamada de tona es el último texto de este compendio. Redactado por el antropólogo Luis Reyes García, éste es el testimonio de Fausto de la Cruz, un indígena contemporáneo que narra el tratamiento recibido para recuperar su alma-tonalli perdida, en Zongolica, Veracruz en 1962.

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