Botero 80 años. Testimonios de la Barbarie

El Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza, la Secretaría de Cultura y el Museo Arocena dan una calurosa bienvenida al gran pintor colombiano Fernando Botero, el artista latinoamericano más reconocido del mundo. A sus ochenta años el maestro permanece activo y regalándonos imágenes de gran potencia expresiva enlazadas con la realidad social de su país natal.

Prueba de ello es la magistral serie pictóricaTestimonios de la barbarie donde Botero aborda con potencia expresiva el tema de la violencia y su demoledor impacto en la sociedad y los individuos. Estas extraordinarias obras transforman el dolor en símbolo de resistencia, propiciando una necesaria reflexión sobre la dignidad humana y la necesidad de un cambio profundo que lleve hacia la estabilidad y la concordia.

El arte como recuperación de la paz

El proceso transformador iniciado desde el arte incide en la vida de la comunidad y permite que todos podamos sumarnos a un esfuerzo solidario de crecimiento colectivo. Por eso, Torreón recibe a Botero como una respuesta humanista de la sociedad civil y el gobierno encaminada a recuperar la paz a través de la cultura.

El arte como testimonio

La cotidianidad del país no ha estado ausente de la obra de Fernando Botero, a pesar de que no reside en Colombia. En sus pinturas evoca las casas, los pueblos, los paisajes, los personajes y las costumbres de un “mundo amable”. Pero, como dice el artista, Colombia “también tiene esa cara terrible de la violencia”. En las obras de esta exposición que representan personajes que viven sucesos trágicos y recientes, plasma esa situación, sin querer hacer juicios, pero rechazando la violencia. El tema se aleja del concepto del arte como productor de placer, “en vista de la magnitud del drama que vive Colombia, llegó el momento en el que sentí la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento tan irracional de nuestra historia”, dice Botero.

No obstante, el tema de la violencia en su obra tiene algunos antecedentes. En la década de 1960 realiza un mural para el Banco Central Hipotecario, Masacre de los inocentes y El secuestro, en donde hay una alusión a la violencia de mediados de siglo XX. En 1973, a la manera de una naturaleza muerta, pinta Guerra, en la que amontona militares, sacerdotes, mujeres, niños como si se tratara de un campo de batalla. También mostró un interés por extraer historias de los periódicos, como es el caso de los cuadros Las noches del doctor Mata (1963), Teresita la descuartizada (1963) -hechos comentados ampliamente por entregas en la página roja de El Tiempo-, y El asesinato de Rosa Calderón (1970).

El dibujo

Botero ha sido esencialmente, desde sus inicios, un dibujante. Sus dibujos son obras independientes de la pintura en los que plasma, con igual intensidad sus ideas. El dominio del lápiz, el carboncillo, la tinta, el pastel y la acuarela le permiten variar las formas, los soportes y obligar a los volúmenes a tomarse la superficie del cuadro. En este sentido actúa como un artista académico que gracias al conocimiento del oficio impone sus formas.

En esta serie de dibujos “la línea como que quiere hacer un paréntesis en el virtuosismo que ha emparentado a Botero con Ingres. Es como si un velado desespero o un nudo en la garganta guiara con apremio la mano que envuelve las formas mediante el grafito o la sanguina.Es precisamente en ellos donde se aprecia con mayor insistencia la expresión facial y corporal de estados emocionales relacionados con la violencia y sus consecuencias”.*

Violencia de fines del siglo XX

A pesar de que se pueda hacer una conexión directa entre las escenas de esta exposición y hechos ocurridos en Colombia durante las últimas décadas, las obras de Botero hacen una alusión general a la violencia que se ha intensificado desde los años ochenta. Es en ese momento que el negocio ilícito del tráfico de drogas dispara los índices de criminalidad.

Ante la posibilidad de que los jefes de los carteles del narcotráfico fueran extraditados hacia los Estados Unidos, surgen los “Extraditables” quienes a través del secuestro, el terrorismo y el asesinato de jueces y fiscales, jefes de inteligencia del gobierno y demás figuras públicas, presionaron fuertemente al Estado para detener el tratado.

Esta situación se agudizó a fines de la década, pues el gobierno se enfrentó también a las luchas entre guerrilleros y paramilitares por el control del territorio y a los grupos de extrema derecha que eliminaron sistemáticamente a ex militantes de grupos subversivos reincorporados a la vida civil.

El carácter de la violencia colombiana, sin dejar de ser igualmente cruenta y sin que el narcotráfico dejara de estar presente, dio un viraje a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, cuando los principales cabecillas del narcoterrorismo fueron muertos o puestos tras las rejas. Los principales (no los únicos) actores de la violencia vendrían a ser los guerrilleros y paramilitares, quienes convirtieron el negocio ilícito de las drogas en fuente de financiación.

Como consecuencia del conflicto, desde 1995 se han desplazado forzosamente más de un millón y medio de colombianos. La violencia política aumentó después de 1997, no sólo con las muertes en combate sino con los constantes homicidios, secuestros, extorsiones y atentados en contra de la población civil.

Fernando Botero Angulo

 
Fernando Botero Angulo (Medellín, 19 de abril de 1932) es un pintor, escultor y dibujante colombiano. Ícono universal del arte, su extensa obra es reconocida por niños y adultos de todas partes por igual. Es considerado el artista vivo originario de América Latina más reconocido y cotizado del mundo.

 La obra de su autoría lleva impreso un original estilo figurativo neorrenacentista contemporáneo, denominado por algunos como “Boterismo”, el cual le da una identidad inconfundible y conmovedora a las mismas, y se caracteriza por la interpretación que da el artista a diversas temáticas universales (el ser humano, la mujer, el hombre, sus sentimientos, pasiones, dolores, creencias, vicios, costumbres, su cotidianidad, sus relaciones interpersonales, mitos, leyendas, manifestaciones culturales, así como dramas, acontecimientos y personajes históricos, sociales y políticos, hitos del arte, hasta objetos, animales, paisajes y la naturaleza en general), con una volumetría exaltada, que impregna de un especial carácter tridimensional, así como de fuerza y sensualidad a la obra, junto a una concepción anatómica particular, una estética que cronológicamente podría encuadrarse entre los años treinta a cuarenta en occidente, en temáticas que pueden ser contemporáneas o pasadas, pero con vocación universal, con un uso vivaz y magistral del color al estilo de la escuela veneciana renacentista y finos detalles de crítica mordaz, ironía y sutileza.

Itinera entre sus afamados estudios de esculturas de Pietra Santa, Italia y los de pintura en París (Francia), Nueva York (Estados Unidos de América) y de Montecarlo (Principado de Mónaco); así mismo, dedica tiempo al dibujo algunos días del año en Zihuatanejo, México y Rionegro, en Colombia.

En 2012 se han programado una serie de homenajes internacionales, con motivo de la efemérides de su natalicio número ochenta. Las celebraciones, incluyen exposiciones antológicas de sus obras en museos del Distrito Federal de México, Sao Paulo en Brasil, Pietra Santa y Asís en Italia, Santiago de Chile, Bogotá y Medellín en Colombia, Bilbao en España, Bielefeld en Alemania, entre otras. Asimismo, la Presidencia de Colombia anunció un decreto en que cataloga las 479 obras de Botero que se encuentran en suelo Colombiano como de “interés cultural del ámbito nacional”, lo que implica medidas de protección, conservación y promoción por parte del Estado Colombiano.

  • El cazador. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 1999.
  • Un consuelo. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2002. / Un secuestro. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2000.
  • Masacre. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2000.
  • Un secuestro. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2000.
  • Una madre. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 1999.
  • El paisaje de colombia. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2004.
  • Sin título. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2004.
  • Un consuelo. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2002. / Un secuestro. Fernando Botero. Óleo sobre tela, 2000.

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